Patrimonio Mundial

Monumentos de Oviedo y el Reino de Asturias


Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias


Asturias
1985

1998

En Asturias se ha conservado un completo y homogéneo conjunto de arquitectura del siglo IX y primeros años del X que se exportó e influyó en el medievo español al tratarse del núcleo a partir del cual se extendió el reino cristiano durante la pugna islámica de la Península.

Oviedo fue la capital del Reino de Asturias entre los años 791 y 910 y en torno a él se creó una arquitectura que buscaba recuperar las características constructivas del Imperio Romano, en un intento de revivir el glorioso pasado. Estas construcciones participan de casi todos los rasgos que caracterizan la arquitectura europea coetánea de su misma escala: coexistencia de múltiples propuestas tipológicas, cierta compartimentación espacial con reflejo en el alzado exterior, aparejos destinados a la ocultación, tendencia a la penumbra interior y decoración de procedencia heterogénea basada en el repertorio de la Antigüedad Tardía.

Los más notables ejemplos de dicha manera de construir, declarados Patrimonio Mundial en el año 1985 son Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo. Ambas formaban parte del mismo complejo arquitectónico, en el que Santa María, de una sola nave y dos plantas de altura habría sido construida con carácter civil, como residencia real o aula regia dedicada al ocio y a la caza de la corte, mientras que San Miguel de Lillo, que se conserva sólo parcialmente tuvo en origen una planta basilical de tres naves. A estos dos elementos se sumaron en 1997 otros cuatro monumentos que contribuyen a completar la visión de este periodo histórico y de este estilo arquitectónico: la iglesia de San Julián de Prados, La Foncalada, la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo y la Iglesia de Santa Cristina de Lena.

Todos estos monumentos prerrománicos, en los que su estilo arquitectónico se encuentra ligado al paisaje que lo rodea formando con él una unidad estética, ejercieron durante siglos una influencia decisiva en el desarrollo de la arquitectura medieval de la Península y han perdurado a lo largo de los siglos hasta la actualidad, manteniendo su uso original para el que fueron concebidos. 

 

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