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Alonso Berruguete

Recientemente, el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid ha identificado entre sus fondos una carta manuscrita atribuida a Alonso Berruguete.

En la carta, datada en torno a 1533, el artista expresa su enfado por el retraso que sufre en el cobro del retablo de la iglesia del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid. En ella figuran bocetos de un ángel y una Virgen, y trazas de un sacerdote y un niño, que serían apuntes preliminares para la composición de la escena de la Circuncisión del retablo.

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“al presente, después de pensar haber acabado, se me han recrecido otros embarazos acerca del retablo, por donde creo que todos los días de mi vida me quieren estos frailes para su servicio. Y de verdad que creo que sería mejor meterme fraile, porque a lo menos darme han de vestir e de comer".

“ e la paga de ello que juzgaron ya, que es lo que yo he gastado, un tercio más de mis dineros, que haya de esperar de aquí a ocho años por la paga (…). Todo esto estoy tan enojado de cómo se hizo tan gran maldad".

“ de verdad yo querría dejarlo todo (…) e no verlos más ni oírlos, sino volverme a la corte a servir a Vuestra S. y a mi señor el comendador mayor".

Alonso Berruguete (Paredes de Nava, c. 1486 / Toledo, 1561) fue, además de artista, escribano del crimen en el Tribunal de la Real Chancillería de Valladolid, lo que explicaría el hallazgo de este documento entre los fondos documentales de una de las escribanías de las Salas de lo Criminal. También tuvo en el Tribunal varios pleitos civiles, conservados hasta hoy, por asuntos relacionados tanto con su actividad artística como con su vida personal.

El propio hecho del artista formando parte del funcionariado de su tiempo, sus relaciones con el Tribunal y la reciente localización de algunos interesantes documentos en el Archivo de Real Chancillería, son un excelente pretexto para reflexionar sobre su figura.

La mirada del especialista

Manuel Arias Martínez, Subdirector del Museo Nacional de Escultura

Archivos tan ricos y variados como el de la Real Chancillería de Valladolid deparan a menudo sorpresas que ponen de manifiesto la trascendencia de lo que aquí se custodia. Es lógico que todo lo que rodeaba a un litigio, pruebas documentales y declaraciones de testigos, suponga un volumen de información que se convierte en un instrumento que enriquece de matices nuestra historia y que le proporciona aspectos que van más allá de los grandes conceptos, de esa historia con mayúsculas, para acercarla a nuestra vida diaria y hacerla más próxima. En esta ocasión la noticia, de manera inesperada, aparecía en el "Registro original de escrituras públicas que se han otorgado ante mi, Antonio Quintano, escribano de sus Majestades, durante el tiempo que he estado por oficial en el oficio de Alonso Berruguete, escribano del Crimen".Salto de línea Alonso Berruguete, que había regresado de Italia en 1518, vinculándose al séquito del rey Carlos, recién llegado a su vez de Flandes el año anterior, iba a obtener el nombramiento de Escribano del Crimen en el tribunal de la Real Chancillería de Valladolid el 1 de octubre de 1523 y sobre sus problemas en el ejercicio de esta circunstancial profesión dieron noticia puntual Martí y Monsó o Filemón Arribas. Salto de línea Porque el cargo no supuso para él la sujeción a una disciplina funcionarial, ni la ocasión de dejar de ejercer una profesión artística que no abandonaría hasta su fallecimiento en Toledo, en 1561, realizando el sepulcro del cardenal Tavera. La concesión de la escribanía le suponía la garantía asegurada de unos ingresos, al tiempo que dejaba patente un vínculo con la monarquía para un artista que comenzaría a regentar su propio taller. Berruguete, que en Italia se había empapado de las novedades formales más vanguardistas, pero que regresaba muy consciente del significado de la consideración del artista, empleó esta suerte de privilegio más que como una obligación laboral, como una distinción a sus servicios.Salto de línea Por otra parte, y esta es la razón que explica el contenido de este variado conjunto documental, el artista tenía la escribanía en su casa, en esa construcción palaciega que levantó junto a la iglesia del monasterio de San Benito para la que iniciaba su retablo mayor en 1526. Allí se afanaban sus oficiales en el trabajo de la madera, pero también quienes estaban contratados para llevar a cabo las labores inherentes a las cuestiones administrativas como Antonio Quintano. Al final lo público se mezclaba con lo privado, lo que explica que en las escrituras firmen actuando de testigos los jóvenes artistas que estaban a las órdenes del maestro, como Francisco Giralte, y que en esta colección de documentos de la misma procedencia, aparezcan noticias sobre el aprovisionamiento de material para la propia vivienda del artista.Salto de línea Y entre esa suma variopinta de asuntos una carta escrita por el maestro, que no habría de ser más que un borrador, por encontrarse redactada en un papel reutilizado que no llegaría a su destinatario. En la hoja había realizado previamente dos sencillos dibujos: en el anverso, con un trazo ligero y magistral, una figura aérea apenas esbozada, que parece representar a una figura angélica o quizás femenina, como un divertimento rápido pero magnífico; en el reverso, el inicio del esquema compositivo del relieve de la Circuncisión del retablo de San Benito. En este caso el interés no puede ser mayor a la hora de juzgar el proceso artístico. Mientras que la figura de María está más terminada, aunque sufriría cambios que se advierten en el resultado final, apenas se dibuja la silueta del sumo sacerdote.Salto de línea En la carta, fechada el 18 de agosto en Valladolid, no se indicó el año, aunque es muy posible pensar que se escribía en 1533. Por una parte esa es la fecha que aparece en otra anotación doméstica reutilizando el mismo soporte, pero es que además en el contenido del documento se indica que la obra del retablo está prácticamente concluida. El texto, redactado en un tono desesperado por el propio Berruguete, es una petición de ayuda a María de Mendoza, esposa del comendador Francisco de los Cobos, de quien el artista se declara criado y a quien acude solicitando su amparo ante el mal trato que recibe de los benedictinos.Salto de línea También para la peripecia vital del escultor la carta tiene un profundo significado. Además de declarar ese vínculo con la familia del poderoso secretario imperial, que se materializará muchos años después en sus trabajos para la capilla del Salvador de Úbeda, las reflexiones sobre las exigencias de los frailes y sobre los juicios que había merecido el retablo, están poniendo de manifiesto sus propias inquietudes y presentándolas de una manera muy cercana para enriquecer ese panorama interior de la vida de los artistas, del que siempre tenemos tan escasa información.Salto de línea En definitiva este grupo de documentos, que será necesario estudiar y analizar con mayor profundidad para obtener conclusiones más certeras, añade un precioso valor al patrimonio que guarda el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, uno de esos depósitos esenciales y verdaderamente valiosos de nuestra historia.Salto de línea

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