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Las islas de las Especias y las Filipinas

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Objetivo la Especiería

El regreso de la nao Victoria a Sevilla cargada de especias y certezas náuticas motiva la organización de una serie de expediciones a las islas Molucas desde España y los nuevos enclaves americanos. El Pacífico se muestra implacable con los nuevos navegantes y cierra, además, una y otra vez el camino de regreso a América. Los derroteros, custodiados por los supervivientes, dan la vuelta al mundo y llegan a Sevilla tras mil aventuras con nuevos datos geográficos, rutas e islas. El nuevo océano va tomando forma con cada ensayo y fracaso.

¿A quién pertenecen las Molucas?

España y Portugal se encuentran al otro lado del Mundo y se disputan el derecho sobre las islas Molucas en virtud de la línea divisoria de Tordesillas. Mientras en Badajoz, cosmógrafos y pilotos de uno y otro bando se reúnen para resolver la cuestión diplomáticamente, en las antípodas los navegantes ibéricos se hacen la guerra. En 1529, tras cuatro años sin llegar a un acuerdo, España firma el tratado de Zaragoza y renuncia a los posibles derechos sobre las Molucas a cambio de 350.000 ducados de oro, poniendo fin a la primera etapa de la navegación española por el Pacífico.

Rumbo a Filipinas

Tras el tratado de Zaragoza comienza la segunda etapa de la penetración española en el océano Pacífico. Las expediciones, organizadas ya desde Nueva España (México) tienen ahora dos objetivos: el establecimiento de una base permanente en el archipiélago filipino y la apertura de una ruta de regreso que conecte ambos lados del Pacífico. Con cada expedición hacia el oeste, se dibujan nuevas islas y caminos. La ruta de regreso tardará todavía en llegar. Miguel López de Legazpi cumple con el encargo recibido y sanciona el control español de las islas Filipinas, llamadas así por el monarca español. Su inicial asentamiento será pronto suplantado por la ciudad y puerto que vendrán a centralizar las posesiones españolas en Oriente durante varios siglos: Manila.

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