Columna derecha

Lectureando con...

Solidarios para el Desarrollo, casi treinta años promoviendo la lectura en los centros penitenciarios

  • Unos setenta voluntarios colaboran cada semana en el proyecto Aula de Cultura, una iniciativa que se desarrolla en varios centros penitenciarios de nuestro país con el apoyo de personalidades del mundo cultural y por la que ya han pasado más de 4.000 internosSalto de línea
  • Fomentar el hábito lector y la escritura es uno de los objetivos de este programa de amplio espectro con el que se trata de contribuir a la reinserción social de los internos

Fue hace casi treinta años cuando, de forma casi fortuita, nació lo que hoy son las Aulas de Cultura. Un estudiante de universidad que formaba parte de un grupo de alumnos que se reunía con un profesor para hablar sobre la pobreza y la injusticia en el mundo, es llevado preso a la antigua cárcel de Segovia. A partir de ese momento, sus compañeros y el profesor acuden cada semana a verle y, con el tiempo, empiezan a reunirse para leer y debatir sobre las lecturas, una actividad que pasó a denominarse Aula de Cultura. Desde entonces, y sorteando no pocos obstáculos, las Aulas de Cultura se han ido instalando en diversos centros penitenciarios de nuestra geografía y con el tiempo se han ido sumando al proyecto cada vez más voluntarios y personas del mundo de la cultura que quieren aportar su granito de arena al proyecto. Un proyecto en el que el “Yo gano, tú ganas” cobra su máxima expresión pues, como reconocen cuantos lo hacen posible, “desde un egoísmo bien entendido, el enriquecimiento es mutuo”. Y es que en las Aulas de Cultura no se trata solo de leer, sino de acercarse a los libros de otra manera, de fomentar la reflexión a través de la cultura y particularmente de la lectura, y de acercarse a ellos, los internos, escucharles e intercambiar impresiones. La lectura acompañada y la relación informal que se establece a menudo entre participantes y colaboradores, son no solo un potente instrumento de apoyo en la reinserción de los internos, sino también una fuente de satisfacción para ambas partes.

En estos años han pasado por las Aulas de Cultura multitud de voluntarios anónimos, además de personas conocidas del mundo cultural y escritores como José Ángel Mañas, Rosa Montero, Juan Madrid o Juan José Millás. Visitas que en la vida “normal”, la de los que estamos en la calle, generan mucha expectación pero que, en la cotidianidad de una persona privada de libertad, marcan la fecha en rojo. El cariño y la motivación de voluntarios e invitados por acompañar durante unas horas semanales a los internos en sus lecturas e intercambiar impresiones dan sus frutos. En unos casos, alejando durante un rato a los internos de la rutina penitenciaria. En otros, aportándoles una herramienta decisiva en el establecimiento de un hábito cultural, el de la lectura, que les acompañará ya toda la vida.

A día de hoy ya son más de 2.500 los invitados que han colaborado en el programa, más de 70 los voluntarios que lo han hecho y lo siguen haciendo posible, y más de 4.000 los internos que se han acercado un poquito más o definitivamente a la lectura gracias a ellos. Y es que, como dice un antiguo proverbio, “mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo”. Ahí lo dejamos…

Lectureando con... Álvaro Crespo, responsable del programa de prisiones del proyecto Aula de Cultura

1. ¿Cómo, cuándo y por qué surgió la iniciativa?

Su comienzo, la verdad, fue imprevisto. En 1987, un grupo de estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid preguntó al profesor Jose Carlos García Fajardo, de dicha universidad, si podrían reunirse para hablar de pobreza, de derechos humanos y de las diversas injusticias que ocurrían en el mundo y a las que él se refería en sus clases. La casualidad quiso que, ese mismo año, uno de los alumnos del profesor Fajardo fuera llevado preso a la antigua cárcel de Segovia. Así que el profesor, junto con un grupo de estudiantes, decidió acudir todas las semanas a verle. Con el tiempo, se les permitió desarrollar en esa cárcel conferencias como las que había en la facultad universitaria, con diversas lecturas que sirvieran de puente entre los internos/as de un centro penitenciario y la sociedad. Esa actividad se llamó Aula de Cultura.

En la actualidad, las Aulas de Cultura se llevan a cabo en los centros penitenciarios de Alcalá Meco, Soto del Real, Valdemoro y Navalcarnero en Madrid, Sevilla I, Albolote (Granada) y Murcia II. Por ellas han pasado más de 2500 invitados/as del mundo de la cultura y más de 4000 internos/as.

2. ¿Con qué expectativas? ¿qué objetivos persigue?

El Aula de Cultura de SOLIDARIOS para el Desarrollo en centros penitenciarios es una herramienta de promoción de la lectura y la escritura que fomenta el gusto por diversos aspectos del arte, la literatura, la ciencia, la cultura, etc. a través del contacto directo entre los internos/as y los protagonistas de estas materias. Busca despertar en ellos el interés por los temas más diversos y animarles a profundizar en el conocimiento de los mismos a través de la lectura.

El Aula de Cultura nos sirve para generar un espacio de relación con la persona privada de libertad a través de la cultura, y más específicamente con la lectura y la escritura como canalizadores. El interno/a acude a la actividad motivado por lo que va a escuchar, leer y aprender de los invitados/as que se acercan cada semana, pero también del voluntariado que acompaña la actividad, con el que, con el tiempo, acaba generando una relación más significativa.

Los objetivos de la actividad son los siguientes:

  • Fomentar la lectura y la escritura en centros penitenciarios españoles como instrumento de apoyo para la reinserción social de las personas internas.
  • Mejorar la autoestima de los internos/as, su actitud y sus capacidades.
  • Servir de puente de comunicación entre los centros penitenciarios y el resto de la sociedad.

3. ¿A qué público está destinada?

Está destinada a los internos/as que demanden la actividad, aunque es la Junta de Tratamiento de cada centro penitenciario quien autoriza quién puede acudir o no a ella.

4. Coméntanos brevemente cuál es la mecánica del proyecto, en qué consiste

Todas las semanas (sábados por la mañana en Madrid y Murcia, lunes y viernes tarde, respectivamente, en Granada y Sevilla) el voluntariado de SOLIDARIOS acompaña a diferentes invitados/as del mundo cultural a los centros penitenciarios y comparte con él una jornada. Pasado un tiempo de relación informal, vital para generar esos lazos de unión entre el voluntariado y los internos/as, el invitado/a procede a impartir la conferencia o actividad cultural prevista. Procuramos que el ponente facilite charlas abiertas y participativas, con recursos audiovisuales que hagan más sencillo los contenidos (ya que el nivel sociocultural de los internos/as es muy heterogéneo) y que, al finalizar la actividad, aporte una bibliografía adecuada a los temas tratados. Para el interno/a esta parte es muy importante, porque es cuando puede profundizar sobre lo tratado en la conferencia durante la semana, incluso en la soledad de su celda. Por otro lado, las bibliotecas de los centros penitenciarios son un lugar de gran demanda de ejemplares y muchos de los libros aconsejados no se encuentran. En esos casos, cuando es posible, el invitado que acude lleva algún ejemplar, pero siempre para donar a la biblioteca con el fin de que se haga un uso colectivo de los libros.

Una vez finalizada la conferencia, de 75-85 minutos de duración, la despedida del grupo de voluntariado e invitados/as es fundamental, porque ahonda también en impulsar las relaciones informales de las que hablamos anteriormente.

5. ¿Cómo ha evolucionado desde su lanzamiento? ¿Habéis introducido algún cambio importante?

La actividad ha evolucionado tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. Cuantitativamente, desde el año 1987 hemos aumentado el número de centros penitenciarios en los que estamos presentes. Y cualitativamente, a demanda de los internos, hemos incorporado nuevos talleres con un mayor componente de lecto-escritura, como por ejemplo los talleres de Escritura, Edición, Filosofía, Periodismo Actual, Cine y Literatura en el centro penitenciario de Soto del Real; o el Taller de Escritura Creativa en Navalcarnero.

Actualmente, la actividad cuenta con 71 voluntarios/as que semanalmente acuden a los diferentes centros penitenciarios.

6. ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención respecto a la respuesta del público desde que comenzasteis?

La verdad es que siempre nos quedamos cortos en nuestras expectativas sobre cómo los internos/as acogerán las actividades: el recibimiento es mucho mejor de lo que inicialmente pensamos. Pero eso sí, es importante ofrecer variedad de temas, lecturas, contenidos, actividades, etc. Hay que tener en cuenta que el acceso a lecturas diversas por parte de los internos/as es muy limitado. Por lo tanto, la presencia de alguien que les habla de un tema cultural concreto y que además, les hable de tú a tú, es vital para ellos/as.

7. ¿Con qué dificultades os habéis ido encontrando?

El desarrollo de una actividad en un centro penitenciario es complicado, fundamentalmente por dos factores: la excesiva burocracia, por un lado, y el peso excesivo de la seguridad y custodia en todas las actividades que se desarrollan en un centro penitenciario, por otro. Adicionalmente, a veces es complicado realizar un seguimiento de las actividades con los internos/as a lo largo del tiempo porque su tratamiento penitenciario lo impide. En este punto también hay que insistir en la heterogeneidad de los niveles socioculturales de los internos, que muchas veces ralentiza las actividades, aunque, por otro lado, aportan mucha riqueza.

8. Cuéntanos brevemente qué recursos fueron necesarios para poner en marcha la iniciativa

Por parte de SOLIDARIOS, los recursos necesarios fueron, “únicamente”, el cariño y la iniciativa de un grupo de voluntarios/as por entrar cada semana en un centro penitenciario a desarrollar una actividad cultural y compartirla con un grupo de internos, personas en situación de exclusión social. Esto, que puede parecer fácil ahora, no lo fue tanto a finales de los 80 y principios de los 90, porque la administración penitenciaria era más opaca a la participación de agentes externos en el ritmo diario de un centro penitenciario. Salto de línea Después de asentar esta actividad como algo inherente al objetivo reinsertador de los centros penitenciarios, también hemos generado una agenda de invitados/as que semanalmente, de forma altruista, acuden semanalmente a ver a un grupo de internos/as que están expectantes por escucharles. En estos años han pasado por el programa escritores como José Ángel Mañas, Rosa Montero, Juan Madrid, Juan José Millás, José Ovejero, Eugenia Rico, Pedro Sorela o Lola Millás, entre otros.

9. ¿Cuál es tu balance personal del proyecto?

Como responsable del programa de prisiones de SOLIDARIOS desde 2007, la experiencia es fructífera por dos motivos. Por un lado, por el clima generado por los internos/as en las actividades: su trabajo en equipo, su participación y ayuda en todo momento, su búsqueda de soluciones creativas ante los imposibles para la mejora del resultado final, su puntualidad, su compromiso… Y por otro, porque en el fondo este tipo de actividades se configuran como un elemento educativo, de reflexión a través de la cultura en sentido amplio, y de la lectura y la escritura de modo más concreto. Esa oportunidad, muchos internos/as, la han hecho suya para cambiar sus vidas cuando salgan al exterior.

10. ¿Qué consejos darías a otras personas que se estén planteando poner en marcha una iniciativa similar a la vuestra?

En primer lugar, conocer muy bien la estructura en la que estén trabajando. Requiere un aprendizaje de sus formas y, en ciertos momentos, implicarse y mimetizarse con lo que hacen, porque aunque esté alejado de planteamientos iniciales propios, si será necesario estratégicamente para conseguir el fin previsto.

Y por último, pensar que no por estar en un contexto tan restringido y con una población tan peculiar, los objetivos tienen que ser menores. Hay que tender a la excelencia y al máximo rigor y capacidad de cada uno, en la medida de lo posible. Si además, el proceso es participativo, abierto, democrático y de conocimiento entre las partes, ya habrá mucho camino recorrido para obtener unos resultados óptimos.

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