¿Cómo leemos en la sociedad digital?, una mirada etnográfica en torno a la lectura

20/12/2017

La lectura y los lectores

  • El informe, presentado recientemente, ha sido editado por Ariel y la Fundación Telefónica y es fruto de una investigación de un grupo de expertos con el objetivo de analizar las maneras de leer en el mundo actual

Cubierta informe Cómo leemos en la socidad digital

Parece evidente que el panorama de la lectura está cambiando. Lo hace muy rápidamente, como consecuencia del momento híbrido que vivimos donde se superponen realidades que también afectan a las prácticas lectoras. Hoy en día existen muchas formas de leer y con el objetivo de documentar esa varidad de sujetos, contextos y situaciones se puso en marcha una investigación, dirigida por Francisco Cruces, en la que un grupo de expertos se han acercado a través de entrevistas, talleres, análisis de contenido, trabajo de archivo, fotos y vídeos a booktubers, profesores, libreras, editores, amas de casa, bibliotecarios, jubilados, adolescentes... para analizar cómo leen.

El resultado es ¿Cómo leemos en la sociedad digital? Lectores, booktubers y prosumidores PDF, una publicación editada por Ariel y la Fundación Telefónica recientemente presentada en la que la lectura no aparece como algo solitario, sino como una actividad social, afectiva, marcada por una relación indisociable con la escritura, la interactividad, la sociabilidad, la imagen, la oralidad, el espacio cotidiano, el ritual, la movilidad, la fragmentación de los tiempos y la multiplicación de ocasiones y motivos para leer.

Una aproximación etnográfica a las maneras de leer

El informe arranca con un capítulo introductorio titulado "Maneras de leer", donde Francisco Cruces explica el qué, cómo y por qué de esta investigación cuyo eje central es documentar desde un perspectiva etnográfica cómo leemos. Analizar la forma en la que sostenemos un libro o el dispositivo o, por ejemplo, cómo han sido representados los momentos lectores en las revistas de decoración en las últimas décadas, o qué lugar ocupa la Red y los vínculos que actualmente tiene el texto con lo audiovisual, de qué se configura el gusto lector y nuestra la biografía en relación a la lectura... Cuestiones que tiene que ver con el cómo, no con el qué ni con el cuánto porque el universo cultural está en mutación, Internet lo cambia todo y si bien las "maneras correctas", normalizadas de leer no desaparecen, sin duda hacen que la lectura se pluralice y las posibilidades se multipliquen.

Cruces subraya que se trata de una investigación con una metodología compuesta y multilocal que abarca zonas urbanas como Madrid, Valencia o Málaga, pero también ámbitos rurales de La Mancha con el principal objetivo de explorar territorios y no tanto de ofrecer conclusiones cerradas porque nadie es enteramente consciente de cómo lee.

Imagen del informe ¿Cómo leemos en la sociedad digital?

Lectura social y compartida

La investigación continúa con el cápitulo "Los jóvenes y adolescentes comparten lectura", donde Gemma Lluch hace un análisis cuantitativo y cualitativo en profundidad de la joven generación de booktubers, personas que están conseguido ejercer una autoridad en tareas que tradicionalmente realizaban los adultos como críticos literarios y están legitimando un nuevo canon liteario.

Para Lluch hay dos hitos fundamentales que marca este nuevo paradigma lector: el éxito de Harry Potter y el uso de los medios sociales para compartir la lectura con sus iguales, a lo que habría que añadir en el caso español un tercer elemento, como fueron los foros de lectura creados por Laura Gallego.

Se reemplazan los espacios tradicionales donde se practicaba la lectura (escuela y biblioteca) por la Red, donde los adolescentes y jóvenes se instalan y se sienten cómodos poniendo patas arribas una parte importante del ecosistema del libro. Se pasa de la lectura canónica a la lectura por placer, además de establecerse una fuerte conexión con otro lectores que además son sus iguales. Con ellos interactúan, socializan compartiendo sus gustos literarios, creándose auténticas comunidades de lectores, uniendo en muchas ocasiones lectura y escritura.

Gemma Lluch nos ofrece algunos rasgos de estos jóvenes, como que 16 de los 22 perfiles analizados los administran mujeres, aunque 2 de los 3 con más éxito son de hombres; su edad media está entre los 16 y los 29 años y mayoritariamente tiene Grados en Filología, Traducción y Periodismo; entre sus libros favoritos están la saga del famoso mago de J. K. Rowling y la tetralogía Memorias de Idhún; que para leer por placer prefieren el formato impreso; o que entre los motivos para poner en marcha sus canales o blogs manifiestan hacerlo por afición y por la posibilidad de compartir experiencias lectoras en los medios sociales creando así vínculos afectivos con otros lectores. De manera que los jóvenes y adolescentes con sus tuits, blogs, vídeos en YouTube o fotos en Instagram están transformando la forma de leer al crear espacios de comunicación, de relación, de juego y diversión. La lectura deja de ser un acto privado e individual, para ser más social propiciando el contacto, a veces no solo virtual, con los iguales. Estos cambios han generado críticas, reticencias y enfrentamientos con los medios tradiciones. Y es que los booktubers sitúan la lectura en un paradigma diferente, ni mejor, ni peor.

En el capítulo 3, "El Quijote o Tirant, lo Blanc entre blogs y Google Maps", de nuevo Gemma Lluch junto a Anna Esteve, Virginia Calvo y Maite Monar, presentan algunos ejemplos de proyectos educativos en el campo de la literatura. De esta manera podemos ver cómo se transforma la lectura de los clásicos gracias a las herramientas que ofrece Internet y a unos profesores entregados, que de manera voluntaria comparten experiencias en la Red. También aquí se analiza el trabajo desarrollado por 11 administradores de blogs desarrollados por docentes de diferentes lugares de España, sitios como La paraula vola Nueva ventana, Bloggeando Nueva ventana o A pie de aula Nueva ventana, así como 10 proyectos de lectura que muestran otra manera de leer a los clásicos al hacerlo rompiendo muros para instalarse en la blogesfera, las redes sociales o wikis.

También muy interesante son los 5 proyectos seleccionados, como 'Callejeros Literarios', que muestra las posibilidades que la geolocalización ofrece a la literatura, con ejemplos como las rutas literarias creadas por los alumnos a partir de la lectura de obras como Nada o Carmen; o 'Quijote News', resultado del trabajo colaborativo para acercar a alumnos de Primaria y Secundaria a la obra de Cervantes a través del uso de textos periodísticos para generar un periódico digital; o las propuestas de lectura dialogada y compartida del blog La serp blanca Nueva ventana, gracias a las cuales los estudiantes leen obras canónicas y obligatorias de otra manera. En definitiva, proyectos que buscan enseñar a la leer literatura clásica de distinta forma y que sirve para que estudiantes de diferentes lugares se puedan comunicar gracias al trabajo de sus profesores.

Mujeres y lectura

En el cuarto capítulo, "Itinerarios del yo en un cuarto propio conectado", Remedios Zafra aborda la transformación que está viviendo la cultura, y por extensión la lectura, como consecuencia de la Red a partir de 4 aspectos:

  • Lectores y escritores de sí mismos, donde analiza los efectos de las redes sociales y de vivir en lo que llama "un cuarto propio conectado" ya que en la sociedad digital es fundamental estar en el mundo, aunque se nos olvide mañana.
  • La mutación de la lectura y la escritura, que han pasado de ser actividades íntimas a convertirse en acciones exhibidas y compartidas.
  • La velocidad y la abundancia como rasgos básicos de la lectura online y que se refleja en el hecho de leer más para capturar que para reflexionar.
  • La intersección de lo profesional y lo amateur, ya que hoy en día todos leemos y escribimos para todos, frente a la unidireccionalidad de antes de Internet.

La autora dibuja algunas pinceladas de la lectura en la socidad actual donde prima lo visual sobre lo textual, donde frente a la perdurabilidad que lograba lo escrito antes, ahora lo que se busca es su reproducción espontánea y la fragamentación de lo que leemos. Esa supuesta estructura horizontal que proporciona Internet, parece que está desjerarquizada, pero la avalancha de contenidos a los que tenemos acceso actualmente a golpe de clic, hace que la propia Red desarrolle otras formas de poder y jerarquía como son los instrumentos de búsqueda y posicionamiento. Por otro lado, el valor de lo que leemos ahora se mide cuantitativamente, lo importante es lo que más compartido, la cantidad prima sobre la calidad, a lo que hay que unir la importancia de la velocidad ya que todo caduca rápidamente.

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Mientras que en el quinto apartado, "Mujeres que están leyendo", Remedios Zafra pone el foco precisamente en la actividad lectora de dos grupos diferentes de mujeres que, a tenor de las estadísticas, son las que más leen. Por un lado, un pequeño grupo de mujeres de 48 a 70 años que participan en un club de lectura y en un taller de escritura en Málaga, donde se percibe la lectura como un elemento de conexión y elemento identitario, que además se entrelaza con sus vidas cotidianas. Y por otro, un grupo de profesionales de entre 30 y 45 años sin vinculación entre ellas, y que son habitantes de las redes sociales y desarrollan o lideran actividades on y offline relacionas con la crítica literaria, la gestión cultural como La Tribu, Helvéticas o Bookcamping, para las que lectura tiene una nueva dimensión al ser compartida y ha dejado de ser una actividad escindida de la vida y el trabajo para invadir ambos terriotorios.

En la sexto capítulo titulado "Fugas", Jorge Moreno Andrés y Julián López García han recogido fotografías de lectores con la intención de documentar la tensión que se produce entre esos dos tiempos que muestran las instantáneas: el tiempo concreto del lector, es decir, el estar aquí y ahora leyendo; y el tiempo de la lectura en el que el lector está como en otro lado, más allá.

En el siguiente apartado, "Lecturas de interior", Romina Colombo elabora también la imagen del lector pero a partir de una mirada histórica sobre los espacios domésticos dedicados a la lectura. Lo hace recogiendo fotos aparecidas en revistas de decoración donde se representaba el acto de leer durante dos periodos: 1965-1985 y 1995-2016. No solo se analizan los espacios representados, sino también los gestos lectores de los hombres y mujeres que aparecen en esas fotografías.

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Francisco Cruces en "Lectores en (su) fábula" se aproxima a cómo leemos a partir de las experiencias vividas en una serie de talleres colaborativos realizados a lo largo de 2016 en Madrid, Palma de Mallorca y Ciudad de México en los que participaron unas 70 personas. Fueron propuestas muy variadas desde la elaboración de biografías lectores o diarios lectores, a croquis de las librerías de sus casas... Como reconoce el autor, es imposible hacer generalizaciones de esta comunidad variada y singular de lectores pero lo que sí consigue es esbozar ciertos temas comunes como son:

  • La trascendencia moral de la práctica lectora, es decir, la importancia que dan al hecho de leer a la construcción del yo, a la relación que hacen entre lo leído y su biografía.
  • La condición de lector híbrido, y es que frente a la dicotomía analógico y digital son conscientes de vivir en una transición inevitable dominado por un panorama ambivalente.
  • La presión de la fragmentación temporal de las maneras de leer cotidianas, ya que leemos a todas horas, todo tipo de formatos, haciendo todo tipo de tareas...
  • La lectura como circuito de socializacion, lo que signfica que a pesar de ser una acto individual, también hay lecturas con y para otros, incluso por otros, generando relaciones de intercambio que se insertan en la vida cotidiana.
  • La formación de lo que llama "librotecas" personales, más que bibliotecas, que los lectores configuran en el espacio íntimo de sus hogares y que están afectadas por cuestiones espaciales, prácticas y relacionales.

Gloria G. Durán y Nuria Esteban hacen un repaso de las perspectivas y estrategias institucionales, empresariales y asociativas sobre las actuales políticas del libro. En el capítulo "De políticas de lectura en la era digital" se centran principalmente en la biblioteca, un espacio clave para el fomento de la lectura y especialmente afectado por las transformaciones de la sociedad digital donde conviven diferentes tipos de bibliotecas, como pueden ser la Biblioteca Pública de Nueva York, Google Books y Pirate Bay. Las bibliotecas se enfrentan a cuestiones como las nuevas plataformas, las digitalizaciones, el Big Data o la guerra de las licencias.

Las autoras se plantean cómo tienen que ser las bibliotecas de hoy y del futuro, que pasarían por ser lugares sociales con muchos usos. Asimismo recogen experiencias colaborativas en esta línea como la planteada desde Bookcamping, la biblioteca de San Fermín (Madrid) o proyectos como 'Adquisiciones comisariadas: todos podemos ser un poco bibliotecarios' de la biblioteca de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense. En contraposición, por ejemplo, analizan cómo ha sido la incorporación del libro digital en las bibliotecas españolas y los problemas principalmente de índole técnico, económico y legal a los que estas instituciones, tan valoradas por la población, tienen que enfrentarse.

En el siguiente apartado, "Estrategias dispersas en Red", Gloria G. Durán y Nuria Esteban muestran algunos casos de cómo el mundo profesional del libro se está adaptando a la nueva era digital, donde parece que se desdibujan figuras como las del editor y su rol de intermediario entre el contenido y quien lo lee. Ante esta situación y un ritmo cada vez más acelerado y dominado por las novedades, las pequeñas editoriales y librerías están apostando por trabajar con tiradas más cortas, por libros únicos muy cuidados, por ofrecer algo más a los lectores y en algunos casos formar redes de colaboración, como es el caso de La conspiración en la pólvora, una alianza creada por las librerías Letras corsarias (Salamanca), Intempestivos (Segovia) y La Puerta de Tannhauser (Plasencia, Cáceres) para organizar conjuntamente actividades fuera de los circuitos habituales que recibió el Premio Nacional al Fomento de la Lectura 2016.

Las autoras apuntan otros proyectos del mundo del libro al margen de las fórmulas clásicas como la feria Libros mutantes, el festival ¡Hostia un libro!, así como iniciativas de fomento de la lectura que transitan por otros territorios como el Festivalito de Autoedición de San Cristóbal (Villaverde, Madrid), Vallecas Todo Cultura, Festival Eñe o el Premio Mandarache.

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Papel y digital: las dos almas del libro

Como colofón a este interesante informe, Julián López García y Jorge Moreno Andrés contrapone en el último capítulo las dos almas del libro a través de las visiones lectoras de personas que viven en dos territorios ficticios, aunque reales, como son: Analogia, donde sus habitantes siguen anclados y seducidos por el libro de papel; y Digitalia, el reino de las lecturas amplias, versátiles y emergentes.

Los autores sitúan su particular Analogia en dos pueblos de La Mancha, Abenójar y Almodóvar del Campo, y dialogan con algunos de sus vecinos, como Eusebio, un pastor que idolatra el objeto libro y que no duda en considerarlo la mejor inversión de su vida, afirmando que seguirá comprando libros, a pesar de las estrecheces económicas. Para estos "lectores primogenios", la cantidad de libros es signo de distinción y poseerlo tiene un valor tanto económico como simbólico. A la hora de elegir una lectura, valoran que mucha gente lo haya leído y sus gustos se constituyen por diversos elementos como las opiniones de expertos, conversaciones, su propia biografía... Consideran que los libros además de alimentarles, hay que acabarlos, y no se pueden desaprovechar porque les tienen que sacar su jugo. La lectura es una actividad acotada y formalizada y, aunque inicialmente eligen sus libros desde una prespectiva y criterios globales, la lectura se entiende como un bien con repercusiones individuales a la que se acercan para crecer como personas, entretenerse, evadirse, etc.

Mientras que en Digitalia, se lee de forma fragmentaria, del libro como objeto cerrado se ha pasado a la lectura como actividad abierta. De una manera gráfica se podría decir que se pasa de la retórica del punto final a la de los puntos suspesivos. Para sus habitantes, que viven en el ámbito urbano de una gran ciudad como Madrid, es difícil decir cuánto tiempo al día leen porque parece que estén leyendo continuamente: mensajes de Whatsapp, cuentas en Facebook y Twitter, diarios digitales, novelas, consultas en Google... Ya no idolatran al libro sino que viven con él pero a la vez están rodeados de dispositivos que se encuentran literamente pegados a ellos, como el móvil. Y los contenidos que leen se rebotan, se comparten, se retuitean incluso antes de haber sido digeridos por ellos mismos, generándose un nuevo tipo de narcismo lector: "de tantos libros lee a tantos seguidores o amigos me leen". En Digitalia se produce una nueva ritualidad de la lectura, menos vistosa pero más multitarea y casi ubicua. Sirva como ejemplo la multitud de ventanas abiertas en los dispositivos, que además se utilizan en cualquier lugar gracias a la movilidad que tienen.

La conclusión al mostrar ambos mundos lectores es que hay que sumar. No es necesario renunciar a nada porque las pantallas y los libros pueden cohabitar.

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