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Los primeros navegantes

Sala

Desde la Prehistoria existen evidencias de navegación costera en el mar Mediterráneo.

Los fenicios (pueblo asentado en el extremo oriental del Mediterráneo que, a principios del primer milenio antes de Cristo, inicia una progresiva expansión hacia el oeste) reciben la herencia náutica anterior, en concreto el conocimiento de las corrientes marinas, la mejora de las embarcaciones o el dominio de la navegación bajo la estrella phoenica (la Estrella Polar), que los lleva a ser considerado el pueblo marinero por excelencia del Mundo Antiguo.

Tras los fenicios, hizo su aparición el comercio griego desde Asia Menor, fueron extendiendo sus redes comerciales y su influjo cultural por todas las costas levantinas y del sureste de la Península Ibérica hasta alcanzar Tartessos y toda Andalucía oriental. Poco a poco surgió la presencia hegemónica de los púnicos de Cartago, que controlaron desde Ibiza hasta las costas meridionales de Hispania y sus principales vías de acceso.

Las colonias se desligan de Oriente y comienzan a definir sus áreas de influencia, construyendo un nuevo marco político en el que Cartago se va a alzar con el control del Mediterráneo central. En este contexto se inscribe la fundación de Qart Hadash (Cartagena), uno de los mejores puertos del Mediterráneo, situado en una zona minera de vital importancia.

La llegada de los fenicios, griegos y púnicos a las costas de la Península Ibérica tuvo como consecuencia inmediata un proceso de aculturación de los pueblos indígenas que propicia el intercambio de los nuevos productos a cambio de materias primas como oro, plata, estaño y cobre. Estos pueblos introdujeron el hierro, el torno de alfarero, los pesos y medidas, la moneda, la arquitectura urbana o el policultivo mediterráneo (trigo, vid y olivo), así como la escritura, la idea de ganancia, las monarquías sacras..., contribuyendo estos contactos a la aparición de una nueva organización social, jerarquizada y basada en nuevas concepciones religiosas.

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