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Renacimiento

Artesonado de la sala 6

Una de las claves de la cultura artística del siglo XVI es la variedad. Las ideas se transmiten fácilmente y la figura del artista viajero, sea flamenco, español o italiano, se hace frecuente, con ejemplos como Felipe Bigarny, Rodrigo de Holanda, Morlanes, Arnao de Bruselas, Esteban Jordán, Antonio Moro o Pompeo Leoni. Escultores y pintores coetáneos practican estilos distintos, imponiéndose mayor uniformidad a medida que avanza el siglo, debido a la italianización del gusto. En este ambiente de arcaísmos, tanteos y audacias destacan dos artistas de referencia, Alonso Berruguete y luego Juan de Juni.

La segunda mitad de siglo está marcada por el Concilio de Trento (concluido en 1563), que reafirmó la autoridad de Roma sobre la Europa católica, en el plano doctrinal y en el estético. Las relaciones entre el arte y la Iglesia se estrechan como nunca. La imagen devota se somete a las normas del decoro moral, posterga el desnudo y lo profano, elimina impurezas y leyendas populares, censura toda extravagancia e insiste en el trasfondo teológico de temas polémicos como la defensa de la Virgen.

Retablo de San Benito el Real Pulse para ampliar
Retablo de San Benito el Real de Berruguete Pulse para ampliar
Patriarcas de Berruguete Pulse para ampliar
Sala 6. Tensiones espirituales y esplendor artístico Pulse para ampliar
Sillería de San Benito el Real Pulse para ampliar
Entierro de Cristo de Juan de Juni Pulse para ampliar
Plano de las salas de Berruguete Pulse para ampliar
Plano de las salas del Renacimiento y Manierismo Pulse para ampliar
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