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Historia del Tesoro de los Quimbayas

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Se denomina “Tesoro de los Quimbayas” a un conjunto de objetos de oro y tumbaga encontrado formando parte del ajuar de dos tumbas de esta cultura precolombina, que fue regalado por el Gobierno colombiano a la Corona española a finales del siglo XIX. Hoy forma parte de las colecciones del Museo de América de Madrid (España), en el que se exhibe de forma permanente. Su importancia radica no solamente en el número de piezas que integran el conjunto, sino en su excepcional calidad artística y técnica, lo que las convierte en auténticas obras maestras del arte precolombino.

El descubrimiento del tesoro El hallazgo de los objetos que formaban parte de estos enterramientos tuvo lugar en el año 1890 en el sitio de la Soledad, cerca de Filandia, Departamento del Quindío (Colombia), por un grupo de huaqueros (expoliadores de tumbas). Aunque las tumbas indígenas de este sitio de “la Soledad” ya eran conocidas por sus riquezas, el hallazgo de este conjunto en particular –calificado posteriormente como “Tesoro de los Quimbayas”- sin duda desbordó las expectativas de huaqueros, comerciantes y coleccionistas de aquel tiempo (Ana Verde, 2016). Las noticias que se suceden en la prensa desde el momento de la excavación del tesoro ponen de manifiesto el asombro y la admiración que había provocado. La calidad de este conjunto es tan espectacular, que se puede considerar como el principal tesoro americano hasta el descubrimiento de la tumba del señor de Sipán en Perú.

La huaquería en Colombia Además de la mina de oro y de aluvión, en Colombia, el oro se extraía de las tumbas prehispánicas y era denominado “oro de huaca”. Durante el siglo XIX se desarrolla esta importante industria extractiva, reconocida en el Código de Minas colombiano hasta el año 1941 (Gamboa Hinestrosa 2002; Valencia Llano 1989; E. Sánchez Cabra 2003). Durante décadas la huaquería fue una profesión de la que vivían un número considerable de familias (Arango Cano 1924), y estaba social y legalmente aceptada. La Ley de 13 de junio de 1833 sobre “hallazgos de tesoros” decretaba que “el oro y la plata y piedras preciosas que se encuentren en las sepulturas, templos, adoratorios y huacas de los indios corresponden íntegramente al inventor o inventores” es decir, a los descubridores (Botero 2006: 51), por lo que la propia ley favorecía el expolio y le confería un marco legal. Al no existir una ley proteccionista sobre estos bienes arqueológicos, dependía del propio huaquero, del intermediario o del comprador final, el que estos objetos terminaran o no fundidos en lingotes, que lamentablemente solía ser el destino más habitual. Miles de kilos de oro labrado o trabajado por los artífices precolombinos terminaron de esta forma fundidos y perdidos para siempre por causa de esta “fiebre del oro” que no sólo se dio durante la época colonial, sino de forma especialmente intensa en el último cuarto del siglo XIX. No obstante, algunos otros conjuntos de objetos de oro quimbayas, menos numerosos que el Tesoro, pero también formados por tipologías similares como poporos antropomorfos, cascos y otros objetos, fueron adquiridos desde el último cuarto del XIX por diferentes museos europeos y coleccionistas particulares.
Así, es en este contexto de expansión minera, de colonización y de “empresas” dedicadas al expolio del patrimonio arqueológico con el reconocimiento de la legalidad de estas tareas, en el que se produce el descubrimiento del “Tesoro de los Quimbayas”.
Será la Ley 48 de 1918, casi 30 años después del hallazgo, la que declare los objetos precolombinos como pertenecientes a la historia patria y prohíba su destrucción y libre destino sin permiso del Ministerio de Instrucción Pública. Pero habrá que esperar dos años más, a 1920, para que se apruebe una nueva ley que prohíba su salida del país sin autorización (E. Sánchez Cabra, 2003)

La llegada a España En el año 1892 tuvo lugar la conmemoración del IV Centenario del Descubrimiento de América en Madrid. Uno de los principales actos que se organizaron fue la Exposición Histórico Americana en la que Colombia consideró que era el momento oportuno para exhibir, junto con otros materiales, el recién hallado tesoro quimbaya. El Tesoro había sido adquirido por el Gobierno Colombiano a los intermediarios que a su vez lo habían comprado a los huaqueros que lo encontraron (Gamboa 2002:148 y Ana Verde (2016). La compra se realizó el 20 de agosto de 1891 mediante un “Contrato de compra de una colección de objetos de oro” entre el Gobierno y Fabio Lozano Torrijos de Ibagué por la suma de 70.000 pesos, en el que se específica el número total de objetos (433) que compra el Gobierno, y el peso de 21.224 gr. La intención del entonces presidente de la República, Carlos Holguín, contando con el respaldo político, fue la de donar este fabuloso tesoro a la Reina Gobernadora de España, María Cristina, en agradecimiento a la presidencia que ésta había ejercido en el laudo arbitral de un conflicto de fronteras entre Colombia y Venezuela, que se resuelve a favor del primero. Un ejemplo de generosidad y reconocimiento que sin duda debió causar admiración a nivel internacional, dándole al país la notoriedad que el acto requería. La Reina, a su vez, entregó el Tesoro a las colecciones del patrimonio histórico del estado español, formando parte desde el primer momento del Museo Arqueológico Nacional, donde se expone para su disfrute público, hasta la Guerra Civil española, momento en que el Tesoro, junto con otros bienes excepcionales integrantes del Patrimonio Histórico Español, viajan a Suiza para su protección. El Tesoro acompañó a muchos de los cuadros del Museo del Prado que forman parte del Patrimonio Español, lo que es un reconocimiento de la excepcionalidad que se le atribuyó desde el primer momento.

El Tesoro en el Museo de América El Museo de América se crea el 19 de abril de 1941, incluyendo todos los bienes americanos y procedentes de expediciones científicas que integraban el Museo Arqueológico Nacional. Como el nuevo Museo aún no contaba con sede propia, el Tesoro siguió exponiéndose en el Museo Arqueológico junto con el resto de las colecciones americanas, dentro del área específicamente reconocida como Museo de América. El nuevo edificio se empezó a construir unos años después en su actual emplazamiento en la Ciudad Universitaria. Y en esta nueva sede se expone el Tesoro desde 1965 hasta julio de 1978 en que, por motivos de seguridad, se retiran las piezas originales para llevarlas primero al Banco de España y posteriormente a la cámara acorazada del Museo Arqueológico. En su lugar, el Museo expuso durante este tiempo una réplica del tesoro. Con la reapertura del Museo de América tras su renovación, en 1994, el “Tesoro de los Quimbayas” regresa a esta sede y desde entonces, esta excepcional colección, original y única, está expuesta en la sala dedicada al mundo funerario, dentro del recorrido de la exposición permanente y con las medidas de conservación y seguridad apropiadas.

El conjunto original El Museo de América custodia las piezas (y conjuntos de piezas, pues algunas, están integradas por diversos objetos, como los collares compuestos por distinto número de cuentas) que se entregaron como regalo a la Reina María Cristina en el siglo XIX. No obstante, el hallazgo original, como evidencian todos los documentos de la época, fue muy superior e incluía no sólo otros objetos de oro y tumbaga, sino también cerámica, objetos de piedra e incluso textiles. El Museo de América hoy expone y conserva el mismo número de piezas que fue entregado en donación en 1893 que se corresponden con 136 números de inventario. Las referencias históricas, el contrato y otros documentos refieren números diferentes de piezas, así como un peso total distinto. La diferencia suele estar en la contabilización del número de cuentas que integran los collares, en unos casos, individualizándolas y en otras ocasiones contándolas todas como un único objeto. La investigación de Ana Verde (2016) a partir de la documentación fotográfica e inventarios originales, demuestra que el conjunto estaba formado por 474 piezas de orfebrería. Algo diferente a los datos que figuran en el contrato de compra. En todo caso, la parte del actual “Tesoro de los Quimbayas” conservada en el Museo de América y adquirida en su momento por el Gobierno colombiano, corresponde sólo a una quinta parte de la ofrenda original localizada siguiendo lo que publica Pablo Gamboa (2008:224). Esto significa que otras cuatro quintas partes de oro y objetos de estas tumbas se dispersaron en manos particulares, quizá terminaron fundidas en lingotes y desde luego olvidadas para la historia de la Colombia precolombina. Una parte de este conjunto de orfebrería fue adquirida por Vicente Restrepo, junto a un lote de cerámica procedente del mismo hallazgo y otra parte fue también adquirida por el Gobierno colombiano. Estas colecciones formaron parte de la Exposición Colombina de Chicago en 1893 y todo ello vendido posteriormente en Estados Unidos por sus propietarios colombianos, encontrándose actualmente una parte importante en el Field Museum de Chicago. Otra colección de cerámica y piedra fue donada por el gobierno Colombiano para que figurara en la Exposición Italo-Americana de Génova de 1893, pero del resto de lotes se desconoce su paradero.

Asignación cultural y datación Aunque se denomina “Tesoro de los Quimbayas” en realidad estas piezas no pertenece al grupo étnico quimbaya con el que los españoles contactaron en el siglo XVI. Se trata de un grupo que pobló esa misma región pero en una época anterior y se le denomina “Quimbaya Clásico” frente al “Quimbaya Tardío”, que se corresponde con el grupo que ocupaba esta región a la llegada de los españoles. El período de desarrollo de esta cultura abarca desde el 500 a.C. hasta el siglo VI d.C. Restos de cenizas y núcleos de arcilla del Tesoro han permitido datarlo en el siglo V-VI d.C. tanto por radiocarbono como por termoluminiscencia, por lo que este tesoro corresponde al último período del denominado Quimbaya Clásico.

Piezas destacadas El Tesoro está formado por una tipología de objetos relacionados con el consumo de alucinógenos y el adorno del cuerpo de los caciques. Además de narigueras sencillas, orejeras de carrete, algunas conservando la función de cascabel, agujas para la cal, colgantes, cascabeles, varios cascos, una diadema, collares y un instrumento musical, destacan varios poporos o recipientes para cal en forma de vegetales (calabazas) y otros figurativos. De estos, 6 representan caciques, 4 hombres y 2 mujeres, una de ellas embarazada. Todos ellos, hombres y mujeres, se representan desnudos, con los mismos símbolos de poder en las manos y adornados con collares, orejeras de arete y nariguera.

Sin duda estas figuras antropomorfas son las que han proporcionado la merecida fama al excepcional conjunto de Tesoro.

Referencias bibliográficas

Arango Cano, L. 1924: Recuerdos de la guaquería en el Quindío. (II Tomos) Ed. Cromos . Bogotá.

Botero, C.l. 2006: El redescubrimiento del pasado prehispánico de Colombia: viajeros, arqueólogos y coleccionistas, 1820-1945. Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Universidad de los Andes.

Gamboa Hinestrosa, P. 2002: El Tesoro de los Quimbayas. Historia, Identidad y Patrimonio. Ed. Planeta Colombiana. Bogotá.

Sánchez Cabra, E. 2003: “El Museo del Oro”. Boletín Cultural y Bibliográfico 40 (64): 3-48.

Valencia Llano, A. 1989: “La guaquería en el Viejo Caldas”. Boletín Museo del Oro 23: 6. Biblioteca Virtual Luis Ángel Arango.

Verde Casanova, Ana 2016: “Biografía del Tesoro” en El Tesoro Quimbaya. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte y Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

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