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Discurso del ministro de Educación, Cultura y Deporte en la presentación de la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia Española

17 de octubre de 2014

Discurso

Majestades,
Autoridades,
Director de la Real Academia Española,
Presidentes y Directores de las Reales Académicas Españolas y Americanas,
Presidente de la Fundación pro Real Academia,
Académicos,
Amigos de la lengua,

Quiero antes que nada agradecer la presencia de Vuestras Majestades, que reitera el compromiso de la Casa Real con el cultivo de la lengua española y revitaliza una relación, estrecha y cordial, con esta institución ya tricentenaria de la que el Rey ejerce el Alto Patronazgo.

La Real Academia Española, vinculada desde su fundación, en 1713, a la Corona, ha contado siempre con el apoyo incondicional y la consideración personal de Vuestra Majestad. Habéis presidido numerosos actos institucionales relacionados con la Academia y sus actividades, y habéis respaldado continuadamente la política panhispánica desarrollada por la corporación en las últimas décadas.

Además de reconocer y agradecer públicamente este respaldo de la Corona hacia nuestra lengua, deseo expresar mi más profundo agradecimiento al Director de la Real Academia Española y a todos sus miembros, que hoy nos reciben en esta institución, que tanto significa para todos los hispanohablantes, y nos presentan otra nueva muestra de su trabajo, cuidado y diligente, para dar reglas ciertas a nuestra lengua, para hacerla pura, elocuente y capaz de tratar tanto las artes como las ciencias y para facilitarnos las claves para la comprensión de textos escritos desde el año 1500 hasta anteayer.

El Diccionario de la lengua española, hay que subrayarlo, no es una obra enciclopédica, ni histórica, ni analógica, ni siquiera etimológica. El Diccionario de la Academia es el del uso y la unidad, simple y supremamente.

Por tanto, estamos ante el Diccionario del buen uso, pero ¿qué es el uso en materia de lenguaje? Horacio señalaba que el uso es “verdadero árbitro, ley y norma en cuestiones de lengua”. Por su parte, Quintiliano defendía que “el lenguaje tiene su base en la razón, en la antigüedad, en la autoridad y en el uso” y daba a este último mayor peso: “El uso es el auténtico maestro del lenguaje y debemos utilizar el lenguaje como utilizamos la moneda, la cual tiene curso público y un cuño que es conocido por todo el mundo”.

Y es este uso el que provoca, como decía Horacio en el Arte de la poética que “al igual que los bosques mudan sus hojas cada año, pues caen las viejas, acaba la vida de las palabras ya gastadas, y con vigor juvenil florecen y cobran fuerza las recién nacidas. Renacerán vocablos muertos y morirán los que ahora están en boga”.

Son esos usos los que recoge la Academia respondiendo a la conciencia lingüística de que las lenguas son organismos vivos. Asíhace posible este Diccionario, obra fundamental en nuestra lexicografía.

Asimismo, como anticipaba antes, nos encontramos ante el Diccionario de la unidad. Fernando Lázaro Carreter en 1992, recogió como objetivo fundamental de la Academia “velar porque la Lengua española, en su continua adaptación a las necesidades de los hablantes, no quiebre su esencial unidad”.

El futuro del español es americano. Ya fue histórica la pasada edición del Diccionario, la vigésima segunda, porque por primera vez en su contraportada aparecían reseñadas todas las Academias de la Lengua Española como coautoras del Diccionario junto a la Academia Española.

Y esta vigésima tercera edición ensancha las fronteras del español, con cerca de 19.000 americanismos siguiendo la senda abierta por Dámaso Alonso cuando exigía que nos aprestáramos “con urgencia, los de una parte del Océano y nosotros, a responder a todas las avalanchas de neologismos, a todas las dificultades que a la unidad de la lengua se plantean”.

La lengua española es el alma de nuestros pueblos, fundamento de nuestra cultura, fruto de nuestro mestizaje, refugio de nuestra memoria, fuente de convivencia, canal de cohesión y testimonio de nuestra identidad plural y común.

Este Diccionario revela la vitalidad de nuestro idioma cuya importancia social, cultural, académica y económica es ahora mayor que nunca. El español es uno de nuestros principales activos y su unidad la principal fortaleza con que cuenta como lengua de comunicación y de cultura.

Señoras y señores,

En esta Academia vive el culto a la palabra. Exalto la ejemplaridad de los académicos que día a día se encargan de su estudio, su cuidado y su mejora, y dan verdadero sentido a unas palabras que constituyen el patrimonio fundamental de nuestra gente. No es este un club de notables, sino un centro activo e infatigable de trabajo lingüístico en el que todos contribuyen a la tarea cotidiana de servir a una lengua común, de servir al honor de la nación y a todo el espacio geográfico y cultural de nuestra lengua.

Hoy quiero agradecer y reconocer vuestro amor por nuestra lengua que se manifiesta en esta ingente labor de difusión.

Escribe Albert Camus que “todas las desgracias de los hombres provienen de no hablar claro”. La Real Academia Española no solo es defensora de las palabras, sino también de los valores e ideas que éstas albergan. Las palabras son manifestación suprema de nuestra propia libertad. Con la impresión de este Diccionario de la lengua española han cobrado vida las palabras; ahora solo de nosotros depende el modo de vivirlas.

Muchas gracias.

 

José Ignacio Wert Ortega
Ministro de Educación, Cultura y Deporte

 

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