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Discurso del Ministro de Educación, Cultura y Deporte en la entrega de los Premios Nacionales de Cultura 2016

13 de septiembre de 2017

Discurso

Majestades,

En la solemnidad que envuelve una cita tan relevante para la cultura de nuestra nación, como la de hoy, todo lo que contemplamos a nuestro alrededor ocupa un lugar y un significado especial. Por eso quiero, antes de nada, agradecer la presencia de Sus Majestades los Reyes en esta magnífica Catedral de Cuenca, demostrando una vez más el compromiso continuado y entusiasta de la Corona con la cultura de España, en sintonía con el sentir de nuestros compatriotas hacia lo que nos más une, nos identifica y nos ilustra.

Cuando Benito Pérez Galdós visitó este mismo lugar, describió así lo que se alzaba ante sus ojos: “El interior de la Catedral me impresionó grandemente por la majestad y elegancia de sus líneas ojivales, diluidas en un doble misterio de silencio y oscuridad”.

A esta descripción tan literaria y precisa de Galdós sobre la enigmática belleza y majestuosidad de la Catedral de Cuenca, me gusta añadirle el contraste que aporta la magia de sus juegos de luces; esa circunstancia que los conquenses conocen bien, que se da al amanecer de algunos días de mediados de mayo, cuando el sol atraviesa la oscuridad del templo hasta depositar toda su luz sobre el centro de la Capilla del Transparente. Una luz que realza cada pequeño detalle de cuantos completan la catedral y la revive enriqueciendo su rostro, ofreciendo una cara nueva, y dejando a un lado por un tiempo aquella oscuridad reinante que tanto conmovió a Galdós.

En ese haz de luz tan simbólico y alegórico en la arquitectura cristiana, me gusta descubrir también –más aún en un día como hoy- el efecto que la cultura tiene sobre la sociedad. Ya tuvimos ocasión de conocerlo de primera mano en este lugar el pasado año, con motivo del IV Centenario de Cervantes, cuando el resplandor de la muestra Poética de la libertad hizo de la Catedral un renovado espacio para la promoción cultural y para el deleite de miles de visitantes.

Mi agradecimiento y reconocimiento a las autoridades que nos acompañan: Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y a su consejero de Cultura, mi buen amigo D. Ángel Felpeto, Alcalde, Presidente de las Cortes, Delegado del Gobierno en Castilla la Mancha, Presidente de la Diputación, Ministro de Justicia y Diputado por Cuenca, D. Rafael Catalá, Obispo de Cuenca, D. José María Yanguas; y Deán de la Catedral D. José Antonio Fernández.

Lo que hoy nos reúne es precisamente otra celebración radiante de la cultura: el reconocimiento premial a quienes con su arte, con sus letras, con sus esfuerzos y con su talento, están contribuyendo a hacer de España un lugar más luminoso, más brillante, más ilustrado.

Estos Premios Nacionales agradecen la contribución de los galardonados para que la luz de la cultura española sea más nítida, para que nuestro patrimonio sea más y mejor conocido, y tengamos renovadas razones para enorgullecernos y deleitarnos en él.

Es este un acto de reconocimiento del Estado, sí, pero también la mejor ocasión para mostrar públicamente nuestro afecto y nuestro agradecimiento a los que van a recibir estos Premios Nacionales, no solo por el servicio que están realizando a la sociedad, sino también por esa capacidad de aunar la excelencia en disciplinas diferentes pero intrínsecamente ligadas por el denominador común del talento creativo.

Es precisamente ese talento el que descubro al contemplarles aquí reunidos, procedentes de sus respectivas ocupaciones artísticas, y con la seguridad de que esos dones que exprimen en sus trabajos nunca han dejado de estar abonados por las virtudes del esfuerzo, la constancia, la innovación, y la inquietud creativa; todas con un denominador común: un profundo amor a la cultura. Veo detrás de que cada uno de ustedes la gran obra común con la que están contribuyendo a hacer de España un lugar mejor para vivir. De todos ustedes puede decirse aquello de que, con su trabajo, con sus obras, nos hacen un poco más felices a todos los demás.

Resulta una tarea arriesgada destacar someramente los méritos de todas las personas e instituciones que hoy son galardonadas con el Premio Nacional de Cultura. Un riesgo que, no obstante, asumiré, confortado con aquello que decía Manuel Vicent: “el que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla”. Veremos…

En el entorno en el que nos encontramos, tan representativo del amplio universo de las Bellas Artes, se sentiría feliz Don Juan Hidalgo, Premio Nacional de Artes Plásticas 2016 - que no ha podido acudir hoy aunque recoge el galardón José Manuel Astiárraga-. Su impecable trayectoria y su transversalidad entre disciplinas nos ayudan a entender mejor el espíritu de las vanguardias internacionales que él mismo encarna. Fundador del grupo ZAJ, fue el primer compositor español invitado a los festivales de Darmstdt, en donde conoció al compositor John Cage, quien dejaría una definición artística que muy bien puede confundirse con el itinerario vanguardista de Hidalgo: “El arte no es algo que haga una sola persona, sino un proceso puesto en movimiento”.

Esa permeabilidad del hecho creativo de la que hizo gala Don Juan, nos lleva con naturalidad al mundo de la fotografía, disciplina en la que recibe el Premio Nacional Doña Isabel Muñoz. Su trayectoria de las últimas décadas no es solo la de alguien que ha hecho de su mirada fotográfica un modo de vida apasionante, sino que ha querido llegar más lejos, triunfando dentro y fuera de nuestras fronteras con la utilización de técnicas tradicionales aplicadas a un lenguaje contemporáneo, combinando su compromiso social con una incesante búsqueda de la belleza.

En el camino a esa búsqueda de la belleza –esa que para Oscar Wilde era “superior al genio porque no necesita explicación”- se encuentran artistas multidisciplinares que emplean medios muy diferentes para tratar de alcanzar un mismo anhelo.

Entre ellos contamos con aquellos que canalizan su talento a través de las letras. Es el caso de Don Juan Eduardo Zúñiga Amaro, que con toda una vida dedicada al oficio de escribir, ha sabido combinar su maestría en el dominio del cuento, realista y fantástico, con el acercamiento literario a la obra y la vida de personajes de relevancia para la literatura universal, como los rusos Turgueniev o Chéjov, o como nuestro Mariano José de Larra; algo que realizó poco antes de obtener un notable reconocimiento con su trilogía sobre Madrid y la Guerra Civil.

Lejos de la ficción, pero igualmente inmerso en el mundo de las letras y el pensamiento, recibe el Premio Nacional de Ensayo Don Josep María Esquirol i Calaf por La resistència íntima: Assaig d’una filosofía de la proximitat, una audaz meditación sobre la propia vida, en la que la altura filosófica no está reñida con la facilidad para trasladar sus planteamientos a todo clase de lectores. Y una obra, en suma, con la que el filósofo y profesor de la Universidad de Barcelona se descubre una vez más como uno de los pensadores españoles más importantes de nuestro tiempo.

Entre el pensamiento, la innovación y lo poético se enmarca la obra Siglo mío, bestia mía por la que Doña Lola Blasco recibe el Premio Nacional de Literatura Dramática. Un trabajo en el que la escritora, directora e intérprete alicantina, obtiene el mejor provecho de su doble vertiente formativa, que navega entre el arte dramático y la investigación en el área de las Humanidades.

Con la cercanía y la profundidad de Siglo mío, bestia mía, firmó la obra Un fill Don Alejandro Palomas Pubill, con la que el autor catalán resulta galardonado como Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil. Una historia emotiva que nos traslada con belleza y agilidad al fondo del corazón inquieto de Guille, su protagonista, donde su aparente felicidad contrasta con los internos padecimientos y dudas emocionales características de nuestro tiempo.

En la modalidad de Narrativa recibe el Premio Nacional de Literatura Doña Cristina Fernández Cubas por La habitación de Nona, que en palabras del jurado representa “la excelencia del relato breve”. Se trata de un género al que Doña Cristina ha dedicado la mayor parte de su vida literaria y este galardón es también un reconocimiento al conjunto de su obra y a su talento para mezclar, en relatos breves, lo cotidiano y lo fantástico.

En otro plano del relato de los acontecimientos de la vida, se expande el universo poético en donde las palabras y los sentimientos se dibujan y confunden entre sí; por eso proclamaba Lorca que “la poesía no quiere adeptos, quiere amantes”.

Y es en ese lugar de amantes en donde brilla con luz propia Fracciones para una autobiografía, la obra con la que Doña Ángeles Mora Fragoso recibe este año el Premio Nacional de Poesía, continuador de la larga saga de reconocimientos que los diferentes libros de la autora han cosechado en las últimas décadas desde su estreno editorial en 1982 con Pensando que el camino iba derecho; un título tomado de un verso de Garcilaso de la Vega, en un evocador homenaje a nuestro gran poeta del Siglo de Oro.

En el universo poético contemporáneo reconocemos también el talento de Don Constantino Molino Monteagudo, que con Las ramas del azar obtiene el Premio Nacional de Poesía Joven. Una obra en la que el jurado ha sabido encontrar – cito - “un libro sereno”, en el que “la naturaleza permite el descubrimiento de un sujeto contemplador del misterio de la vida”. Don Constantino suma a su estilo propio el valor de navegar en los mares que surcaron desde hace siglos los grandes poetas de la tradición literaria española y Las ramas del azar es la mejor muestra de su arribada a buen puerto.

En la tradición literaria de España, además del relato de ficción, la novela y la poesía, destacan también los historiadores que con sus letras y ensayos nos ayudan a comprender mejor nuestro pasado y, por tanto, nuestro presente.

Una tarea en la que hoy reconocemos a Don Feliciano Barrios Pintado, Premio Nacional de Historia de España, por su obra La gobernación de la Monarquía de España: consejos juntas y secretarios de la administración de corte, 1556-1700. Una mirada al pasado renovadora y rigurosa, hacia el interior de la Monarquía de los Austrias, con la que el historiador madrileño nos lleva también indirectamente a un enjambre de cuestiones, preguntas y respuestas, que hoy se mantienen de plena actualidad.

Si el estudio de la Historia es una manera de desvelar las claves del presente, también los es la tarea literaria de los traductores, que nos descubren con elocuencia mundos y obras desconocidas y nos facilitan el emocionante viaje de la lectura. En esa labor se enmarca el trabajo de Doña Ana María Bejarano Escanilla, Premio Nacional a la Mejor Traducción, por Gran cabaret de David Grossman, que la autora ha trasladado del hebreo al castellano. Un trabajo de gran dificultad que Doña Ana María ha logrado redondear, concluir con la excelencia de quien presta atención a los pequeños detalles. Y lo ha logrado con la misma solvencia y versatilidad que caracterizan sus más de cincuenta traducciones de literatura hebrea contemporánea.

En el mismo ámbito reconocemos hoy la trayectoria global de Don Ramón Buenaventura Sánchez Paños, Premio Nacional a la Obra de un Traductor, al que el jurado reconoce por – cito -“ser uno de los grandes de la traducción del inglés y el francés al castellano”, incluyendo entre su larga lista de autores a personalidades muy diversas de la literatura clásica y contemporánea. Textos de autores como Rimbaud, Scott Fitzgerald o Philip Roth han llegado a nuestro idioma manteniendo su esencia literaria, su vigencia y su brillo, gracias al trabajo y al talento de Don Ramón.

Trabajo y talento son dos características que definen también a Don Pablo Auladell Pérez, Premio Nacional del Cómic por El Paraíso perdido – título de reminiscencias Miltonianas -. El jurado destaca de él su capacidad para tratar el color, el uso original de iconografía y una narrativa que logra ser, al mismo tiempo, arquetípica y plenamente actual. Quizá porque su carrera se ha movido entre la revisión de clásicos y el desarrollo de su propio territorio narrativo, Don Pablo aúna el ideal de todo artista sobresaliente: aprender del pasado para mejorar el futuro. Esperamos de él en un futuro próximo “El Paraíso recuperado”, para continuar la saga del gran poeta inglés.

En una habilidad artística próxima al cómic, pero con notables y genuinas diferencias, recibe el Premio Nacional de Ilustración Don Javier Rafael Sáez Castán. Ilustrador y escritor especializado en literatura infantil, su creatividad, la empatía que genera con los mundos que dibuja, y una biografía repleta de éxitos profesionales –desde la publicidad hasta la edición-, han hecho de Don Javier (o Rafael) ¿¿ un referente en el sector, dentro y fuera de nuestro país. La singular vitalidad de sus ilustraciones recuerda a aquello que decía Andy Warhol: “Toda pintura es un hecho: las pinturas están cargadas con su propia presencia”.

Si de conectar y empatizar con audiencias se trata, es hora de hablar de Don Jaume Figueras i Rabert, que recibe el Premio Nacional de Periodismo Cultural por su dilatada carrera dedicada a la divulgación de asuntos culturales, especialmente en lo referente al ámbito cinematográfico. En el periodismo cultural el acento no ha de ponerse solo en la calidad y el rigor de los contenidos, sino en la capacidad de mostrarlos de forma amable a los oyentes, lectores o espectadores, y esa conexión especial con su audiencia es cuño propio del que puede presumir Don Jaume.

En esa trascendental labor de divulgación de la cultura juega un papel importante todo lo relacionado con la lectura, ese esfuerzo común por lograr que cada día más y más jóvenes –y mayores- se acerquen a los libros y descubran el gran placer de leer. Tarea esta en la que el Ministerio participa con un ambicioso plan de Fomento de la Lectura.

A ello contribuyen también dos iniciativas que hoy reciben el Premio Nacional de Fomento de la Lectura: el blog Ana Tarambana de su homónima Doña Ana Garralón -cita ineludible para los amantes de la literatura infantil- y la alianza de librerías La conspiración de la pólvora, que agrupa los establecimientos “Letras corsarias” de Salamanca, “Intempestivos de Segovia”, y “La puerta de Tannhauser” de Plasencia, que lleva a cabo innovadoras actividades para acercar la lectura al gran público a través de una oferta amplia, sugerente y plural.

En este ámbito de la promoción de la lectura son importantes las campañas institucionales, la colaboración de la sociedad civil, la implicación del sector, y la participación de esas personas que todos conocemos que tienen la capacidad de comunicar y entusiasmar cuando hablan de literatura. Pero todo ello estaría incompleto si no estuviera sujeto a su vez por un buen trabajo editorial.

Por eso este año es la Editorial Kairós la que recibe el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural, “por ser una referencia indiscutible en el sector” y porque con sus publicaciones han ofrecido “respuestas a las inquietudes de varias generaciones de españoles”. Un millar de títulos en un catálogo que Kairós ha construido en medio siglo de vida, con la coherencia, la seriedad, la independencia y el rigor como señas de identidad.

El mundo de la cultura estaría, por supuesto, incompleto sin los libros, pero también resultaría vacío si no tuviéramos ocasión de disfrutar de la excelencia de las Artes Escénicas y la Música españolas. Un gran contenedor de ingenio, emociones y talento que, en cierto sentido, puede resumirse o aglutinarse en la actividad circense, que incluye la mayoría de los elementos que completan el abanico de artes escénicas.

Don Miguel Ángel Moreno Montosa “Bolo” recibe el Premio Nacional de Circo por “la renovación de la acrobacia a partir de la incorporación de elementos escénicos”, sumado a su capacidad para dinamizar el circo contemporáneo, dotándolo de una gran visibilidad también fuera de España. Por su sensibilidad artística y su manera de concebir el circo como espectáculo global, Bolo encarna aquello que sentenció en una ocasión el escritor Henry Miller, con certera profundidad: “el payaso es el poeta en acción”.

Esa visibilidad internacional que caracteriza también a Don Joaquín de Luz Pérez, Premio Nacional de Danza en la Modalidad de Interpretación. Bailarín principal del New York City Ballet, destaca también, entre otros muchos trabajos, su reciente interpretación de Basilio de Don Quijote en su colaboración con la Compañía Nacional de Danza. Don Joaquín es hoy uno de los grandes embajadores de la danza española en teatros de todo el mundo.

En la Modalidad de Creación recibe el Premio Nacional de Danza Doña María Soledad Picó Monllor “Sol Picó”. Coreógrafa y bailarina, mujer de fuerte personalidad artística, comprometida con la danza contemporánea, junto a su talento destaca la audacia de sus propuestas escénicas y el arrojo con que ha encontrado un estilo personal e inconfundible en un ámbito donde lograrlo es una tarea solo al alcance de los más brillantes.

Naturalmente, no habría danza sin música, y España puede presumir, no solo de la excelencia en bailarines y coreógrafos, sino de una talentosa cartera de compositores.

Entre ellos destaca Don Antoni Parera Fons, Premio Nacional de Música en la Modalidad de Composición. Con más de 250 títulos registrados y una larga trayectoria en la que ha compuesto sobre textos de autores como Jaime Gil de Biedma, Manuel Vázquez Montalbán o Pedro Salinas, para grandes intérpretes de la categoría de Montserrat Caballé, Josep Carreras o María Dolores Pradera. Don Antoni vive por y para la música con la ilusión del primer día, como atestigua su reciente aportación a la ópera contemporánea con el estreno de María Moliner y los ciclos de canciones interpretados por las más relevantes voces internacionales.

En la modalidad de interpretación el jurado otorga el galardón Premio Nacional de Música a Don Juan José Mena Ostériz “Juanjo Mena”, que es actualmente director asociado de la Orquesta Nacional de España y director titular de la BBC Philarmonic Orquestra con la que ha recorrido el mundo. Don Juan José ha sido durante la última década uno de los grandes referentes de la música española en escenarios internacionales y su prestigio en el extranjero nunca ha estado reñido con su compromiso y convicción por la difusión de la música española, tanto clásica como contemporánea.

En la difusión de esa música española, pero en una esfera muy diferente, nos encontramos la carrera, valiente y talentosa, de María Isabel Quiñones Gutiérrez “Martirio”, que durante décadas ha enseñado el valor de la copla a las nuevas generaciones, fusionándola con muchos otros estilos musicales, gracias a su afán renovador. Una carrera en la que su personalísima manera de comprender las artes escénicas, su talento innovador, y su actitud creativa, han estado siempre acompañadas por la libertad transgresora que barniza su espectáculo desde la imagen hasta la música.

Esa capacidad de Martirio para renovarse en su trabajo cada día, con libertad y amplitud de miras y sin perder nunca la ilusión por los nuevos retos, la encontramos sin duda también en Doña Concepción Velasco Varona “Concha Velasco”, Premio Nacional de Teatro; un galardón que ya recibió en 1972 con Abelardo y Eloísa. De todas las virtudes que podrían subrayarse de Doña Concha, me adhiero especialmente a esta valoración del jurado, que le otorga el premio por “su momento de plenitud artística y por la pasión, valentía y excelencia con que aborda papeles tan complejos como los últimamente interpretados en La vida por delante o en Reina Juana. Siempre que premiamos lo hacemos con intención de mostrar ejemplos a seguir para la sociedad, para las nuevas generaciones y, en este aspecto, Doña Concha representa uno de los mejores modelos de la cultura española del último siglo.

El acercamiento de las Artes Escénicas a los más jóvenes es uno de los grandes retos que llevamos entre manos quienes, de un modo u otro, tenemos responsabilidades en el mundo de la cultura. En este empeño destaca la labor de Doña María José Frías, creadora de la Compañía de Títeres María Parrato y Premio Nacional de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud. En la ambiciosa tarea de generar universos estéticos y personalidades y situaciones vibrantes a través de títeres, Doña María José ha alcanzado la mejor prueba de su excelencia: que su delicada narrativa y su sensibilidad conmuevan y entretengan de igual modo a niños y mayores. Si como decía el poeta “la verdadera patria del hombre es la infancia”, las obras de la Compañía de Títeres María Parrato son para los adultos una manera de regresar a la casa donde un día empezamos a soñar.

Uno de los aspectos a veces olvidados de la vida cultural de una nación es conocer, proteger, y saber legar en las mejores condiciones el patrimonio artístico que hemos recibido.

En esta tarea el jurado concede a Don Antonio Almagro Gorbea el Premio Nacional de Restauración y Conservación de Bienes Culturales, “por el carácter pionero de su obra” y por la profundidad y relevancia de su trabajo de investigación en la aplicación de las nuevas tecnologías al patrimonio cultural. Una vida dedicada a indagar, con enfoque global, en la conservación de bienes culturales, en la que no ha prescindido tampoco de otra de sus señas más importantes: su capacidad pedagógica y la pasión con la que difunde sus investigaciones a diferentes públicos.

Y si hablamos de pasión por el trabajo y de capacidad de dirigirse a diferentes públicos, es momento de celebrar la capacidad de innovación que en el área del entretenimiento familiar atesora el programa El hormiguero, Premio Nacional de Televisión. Tras el rostro visible y el carisma televisivo de Pablo Motos, se oculta también el imprescindible trabajo de los integrantes y trabajadores de la compañía de entretenimiento 7 y acción. Que en el cambiante mundo de la pequeña pantalla El hormiguero afronte con éxito su décima temporada en Antena 3 TV es buena señal de la excelencia de este espacio que contribuye notablemente, y ante una gran audiencia, a la promoción de la industria audiovisual española y a su proyección internacional.

Dentro de las peculiaridades que identifican a la cultura española, la fiesta ocupa tradicionalmente un lugar primordial. En buena medida lo hace gracias al trabajo constante y apasionado de ganaderos de prestigio, como es el caso de la ganadería de Don Victorino Martín Andrés, Premio Nacional de Tauromaquia. El jurado valora la excepcional temporada desarrollada por su ganadería en 2016, “consiguiendo tres indultos en las plazas de toros de Sevilla, Calasparra e Illescas” y señalando su incomparable trayectoria de más de medio siglo de dedicación. El reconocimiento a Don Victorino representa también un premio al conjunto de ganaderos de reses bravas en España.

A todos los premiados, mi felicitación y mi deseo de que estos premios nacionales sean también el impulso para seguir desarrollando con pasión su contribución a que la cultura española se mantenga en el grado sobresaliente que podemos reconocer en estos momentos. Una felicitación y un recuerdo que quiero hacer extensible a los premiados que recibieron meses atrás sus respectivos galardones: a la actriz Ángela Molina, Premio Nacional de Cinematografía, y al añorado diseñador David Delfín, que recibió a título póstumo el Premio Nacional de Moda el pasado mes de julio.

Majestades,

Deseo, al concluir mis palabras, agradecer a esta preciosa ciudad la cariñosa acogida que ha dado a estos Premios Nacionales. Mi querido pariente Fernando Zóbel me habló en numerosas ocasiones de las bondades y la belleza de esta ciudad y sus gentes, y tengo que deciros que, al comprobarlo una vez más, no deja de resultarme paradójico que la estación de tren lleve su nombre, porque cuando uno llega aquí lo último que desea es coger el tren para marcharse.

Enhorabuena a todos y muchas gracias.

ÍÑIGO MÉNDEZ DE VIGO y MONTOJO
MINISTRO DE EDUCACIÓN, CULTURA y DEPORTE y PORTAVOZ DEL GOBIERNO

 

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