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Bienes declarados Patrimonio Mundial. Cueva de Altamira y Arte Rupestre Paleolítico de la Cornisa Cantábrica

Cueva de Altamira y Arte Rupestre Paleolítico de la Cornisa Cantábrica

Salto de líneaCantabria, País Vasco y Principado de AsturiasSalto de línea1985Salto de línea2008

La región Cantábrica de la Península Ibérica conserva uno de los mas importantes conjuntos del arte rupestre paleolítico que se extiende en Europa, desde Gibraltar hasta los Urales, entre hace 35.000 y 11.000 años. Son figuras y signos pintados o grabados que se han conservado fundamentalmente en las paredes y techos de las cuevas (llamado por eso “el arte de las cavernas”), pero también en algún abrigo luminoso y sobre rocas al aire libre en escasos lugares. La cantidad de cuevas con este arte existente en la región, en las Comunidades Autónomas del País Vasco, Cantabria y Asturias, la variedad de los temas representados y de las técnicas empleadas, la cronología y la calidad artística de muchas de estas obras hacen que el conjunto sea representativo del primer arte de los humanos sapiens.

La cueva de Altamira fue el primer sitio donde se reconoció un conjunto de figuras y signos identificado y descrito como arte del Paleolítico. Así lo hizo su descubridor y primer investigador, Marcelino Sanz de Sautuola, quien lo publicó en 1880 con un excelente texto bien ilustrado cuando no se conocía la existencia de un arte análogo ni de tal antigüedad en todo el mundo. Desde entonces, cientos de cuevas con arte de la misma época han sido descubiertas, pero Altamira sigue siendo una de las más espectaculares y del máximo interés científico por su calidad excepcional y por albergar figuras de un marco cronológico entre hace 13.000 y 35.000 años. Desde comienzos del siglo XX se la conoce como la “la Capilla Sixtina del arte paleolítico”, por entenderla como una obra maestra del arte universal. En el Gran Techo se sintetiza buena parte del arte paleolítico. Hay en él signos con datación Auriñaciense (36.000 años), manos positivas y negativas, signos y figuras de caballos pintados en rojo durante el Gravetiense (dataciones de mas de 22.000 años), figuras solutrenses y el excepcional conjunto magdaleniense formado por un par de caballos, una cierva y numerosos bisontes en distintas actitudes, como si de una manada se tratara, realizado todo entre hace 13.000 y 15.000 años. En cada una de estas figuras se combinan técnicas de dibujo con carbón y grabado con pintura de colores rojizos, de ocre, y negro. Son figuras de gran tamaño, algunas de las cuales utilizan el soporte rocoso del techo, los relieves, grietas y textura de la roca, incorporándolo a la figura para darle volumen y calidades.Salto de líneaSalto de líneaEl bien “Cueva de Altamira y Arte Rupestre Paleolítico de la Cornisa Cantábrica” se incluyó en la Lista de Patrimonio Mundial por representar una realización artística única y por aportar un testimonio excepcional de los grupos humanos del Paleolítico de la Europa meridional. Los valores excepcionales y universales reconocidos por la UNESCO en 1985 para la cueva de Altamira se extienden a otros 17 sitios con arte rupestre paleolítico de la región Cantábrica, que fueron inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial en 2008 como ampliación de Altamira. Se asumía así que ésta no es un caso aislado, sino un ejemplo más del quehacer de aquellos grupos humanos en un territorio concreto. Las cuevas de La Peña, Tito Bustillo, Covaciella, Llonín y El Pindal en Asturias; Chufín, Hornos de la Peña, las cuevas del Monte Castillo (El Castillo, La Pasiega, Las Chimeneas y Las Monedas), El Pendo, La Garma y Covalanas en Cantabria, y Santimamiñe, Ekain y Altxerri en el País Vasco acrecientan y complementan la importancia de Altamira contribuyendo a la mejor comprensión del primer arte de la humanidad. El rico repertorio iconográfico contenido en ellas, la diversidad de técnicas y estilos documentados y la antigüedad y perduración del ciclo artístico ilustran el inicio, el florecimiento y el ocaso del arte rupestre paleolítico en todo su tiempo. Gran parte de su importancia radica en su dispersión geográfica, que demuestra que la región Cantábrica fue durante el Paleolítico Superior una unidad territorial y cultural. Más allá de la especificidad del arte en cada uno de los sitios, que les otorga su valor excepcional, interesa sobremanera su carácter complementario para entender la variabilidad del comportamiento cultural de las comunidades humanas que habitaron Europa entre hace 35.000 y 11.000 años, mostrando la diversidad y, simultáneamente, el alto grado de integración cultural y social existente en el suroeste de Europa en los tiempos finales de la última glaciación.

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